
















Pocas veces me he sentido tan Iquiqueña como hasta ahora.
Nunca había sentido el impulso viajar hasta el pueblo de La Tirana, al interior de la pampa, para conocer la celebración a la virgen de La Tirana. Jamás sentí mucha curiosidad por saber en que consistía realmente la tan bullada celebración, capaz de dejar casi vacía a toda una cuidad en pos de su festividad... y como dice el dicho:" Si Mahoma no va a la montaña, la montaña viene a Mahona". Así pues, sucedió que este año, debido a la gran cantidad de contagiados en la zona con la influenza H1N1, las autoridades se vieron en la penosa obligación de cancelar la fiesta, dejando como alternativa una celebración mas pequeña en mi cuidad, Iquique.
Recuerdo que estaba aburrida en la oficina, sin mucho trabajo que hacer, cuando comenzaron el ruido de los tambores y trompetas a resonar por las calles continuas a la catedral, que esta ubicada a solo 1 cuadra de mi edificio.
Me asomé curiosa por la ventana y vi con asombro como se acercaban distintas escuelas de baile, con coloridos trajes y máscaras, a rendirle tributo a la virgen. Decidí ir a mirar más de serca aquellos pegajosos ritmos y la verdad es que fue fascinante.
Fui testigo del fervor y la devoción por la virgen, de la pasión en los bailes y en las bandas... Fue hermoso descubrir las raíces y la identidad de una cuidad con una cultura tan arraigada que la lleva en su sangre, grabada en su piel y tatuada en su alma.
Seguí los bailes a través de las calles hasta la entrada a la catedral, empapándome de la emoción reinante en el ambiente. Cuando entraron a la catedral bailando y cantando, agradeciendo a la virgen por los favores concedidos, fue inevitable sentir el nudo en la garganta. Luché por controlar las lágrimas y lo logré, pero fue arduo. Fuí azotada por miles de emociones y me sentí parte de aquella fiesta llena de magia y divinidad.
Capturé algunas imágenes, con el afán de retratar aquella identidad tan característica de esta hipnótica cuidad y para plasmar el orgullo que me inspira ser una Iquiqueña más.
Ahora tengo como meta asistir a la festividad en el pueblo de La Tirana el próximo año y seguir con esta tradición de siglos que ni el tiempo ni la tecnología han logrado reducir en intensidad y cada año revive con más fuerza devoción.
Les dejo imágenes del primer baile que llego a rendirle tributo a la Virgen de La Tirana en la catedral de la cuidad.
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